CARLOS SÁNCHEZ ALONSO

Palabras muy elegantes

8 Octubre - 3 Diciembre 2022

«Sin palabras no hay nada, no hay comunicación, ni pensamiento, ni memoria, ni conocimiento». No hay ser. Así entiende Carlos Sánchez Alonso sus esculturas, en términos lingüísticos y vitales, como seres que se comunican y tienen «nuestras mismas características, problemas y evoluciones». Cuando da el nombre a sus esculturas de «palabras», no lo hace refiriéndose a un simplemente recurso literario, sino a una forma de conocimiento. La palabra, al afirmar su radical identidad y su radical no-identidad, hace que quiera construir desde ella — como mero punto de partida— el alma de un nuevo objeto.

Su obra está especialmente relacionada con el hecho de sentir, de empatizar con ese nuevo objeto estético. Como si de un montaje de relatos se tratase, nacen del resultado de una experiencia que consiste en observar y encontrar, no inventar; un proceso de inclusión y no de exclusión, de presentación y no de representación. Una escultura que se deshace de las estructuras habituales de percepción a través del uso de materiales hallados, residuales o que sugieren usos anteriores y el paso del tiempo. Reivindica así una libertad extraordinaria para su creación, sin restricciones de categorías, de medios o de formas. El resultado son estos intrigantes assamblages de tiempos y orígenes que evocan una vaga dimensión arqueológica y que apuntan a una lectura en la que no hay una historia u origen claros. Estos objetos se presentan antes el artista como la forma «correcta» que debe usar para completar sus esculturas. Ya el propio acto de colocar y apoyar supone resaltar algo, y al mismo tiempo, mantener la calidad independiente y separable de la obra de arte. Luego comienza el juego con los diversos elementos, de entre los cuales, destacan los que albergan la escritura. Los libros, que en ocasiones presenta cerrados — como palabras prisioneras — y que otras veces rompe o modifica, son privados de su lectura, dejan de ser significantes para convertirse en los elementos arquitectónicos que sustentan sus poemas visuales.

Estas piezas concebidas para la pared poseen una profundidad estratificada, los solapamientos y los espacios, así como la diversidad de las líneas rectas y curvas, se pueden apreciar sobre todo gracias a las sombras que proyectan, en algunos casos, intensificadas por la luz que ellas mismas desprenden. Estas luces crean una atmósfera inmaterial, etérea, tecnológica e incluso futurista, en contraste con los materiales encontrados que hacen pensar en el desgaste y en la vida vivida. Pero la introducción de elementos ordinarios va más allá de un mero decir instrumental y comunicativo, pues nos muestran también un lenguaje que es apto como expresión subjetiva y como vehículo para la imaginación y el conocimiento.

Al final, es la imaginación la que lleva a cabo el momento de innovación semántica, la que tiene como misión esbozar esas nuevas síntesis. Y la tarea de Carlos Sánchez, como artista, es la de comenzar eternamente de nuevo, aunque no todas las claves sean desdeñables. Su trabajo es símbolo y agente de una dualidad, de la imagen y el entorno. Un filtro plástico a través del que mira el mundo en el que habita y, cada una de sus «palabras», el descubrimiento de una nueva ley del universo.

Óscar Manrique Ares.

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